Cada año, el equipo de Inteligencia de Mercado de Hedgepoint Global Markets publica informes detallados sobre las perspectivas globales de las principales materias primas agrícolas, analizando factores como la oferta, la demanda, el clima, el comercio internacional y la dinámica de los precios.
A lo largo del blog, ya puede seguir contenidos dedicados a diferentes mercados —y, en este especial de 2026, hemos reunido las principales perspectivas para el café, el azúcar, los cereales y el cacao, destacando las tendencias que deberían influir en estos sectores en los próximos meses.
Los informes han sido elaborados por expertos de Hedgepoint que siguen a diario la evolución de estos mercados en el panorama mundial. En el mercado de cereales y oleaginosas, el análisis ha sido elaborado por Luiz Roque, coordinador de Inteligencia de Mercado de Hedgepoint, quien analiza cómo los recortes de tipos de interés en EE. UU., la volatilidad cambiaria, el riesgo climático y la creciente influencia de Brasil en el comercio mundial deberían redefinir la dinámica de los dos principales mercados agrícolas.
¡Que disfruten de la lectura!
En medio de un escenario global marcado por un dólar estructuralmente más débil, tipos de interés a la baja en Estados Unidos, volatilidad cambiaria en los mercados emergentes y riesgos climáticos crecientes, los mercados de la soja y el maíz entran en 2026 con balances más cómodos, pero aún vulnerables a las perturbaciones en la producción y la demanda. Es en este entorno de transición macroeconómica y climática donde se estructuran las tendencias para el próximo ciclo agrícola, según los análisis del informe Outlook 2026 – Soja y Maíz de Hedgepoint Global Markets.
En este contexto, el informe señala que el dólar debería seguir una trayectoria de debilitamiento a lo largo de 2026, impulsado por el inicio de los recortes de tipos de interés en Estados Unidos tras el fuerte endurecimiento monetario entre 2022 y 2024. Se espera que la Reserva Federal avance en este ciclo a partir de mediados de año, reduciendo el diferencial de tipos frente a las economías emergentes.
Además, el elevado nivel de endeudamiento del Gobierno estadounidense aumenta la sensibilidad a los movimientos de los tipos de interés y ha dirigido parte del capital global hacia activos e es considerados más seguros, como el oro. En Europa, el crecimiento se mantiene resistente, cercano al 1,2 %, lo que mantiene al bloque como un importante consumidor de harina.
En China, aunque el país mantiene un crecimiento positivo, siguen en el punto de mira retos estructurales como el sector inmobiliario y el exceso de capacidad industrial.
En Brasil, a pesar de que los tipos de interés siguen siendo elevados y el flujo de capital extranjero favorece al real, factores como el alto nivel de deuda pública y la proximidad de las elecciones de 2026 deberían mantener elevada la volatilidad cambiaria.
«A pesar de los balances favorables, el riesgo climático sigue siendo el gran factor a tener en cuenta. La transición de La Niña a una situación neutra y la posibilidad de un nuevo El Niño pueden revertir rápidamente la sensación de seguridad del mercado. Brasil sigue ampliando su protagonismo global. En la soja, somos el origen más competitivo; en el maíz, la expansión del etanol está transformando el balance interno», valora Roque.
El balance global de la soja sigue siendo más holgado que en ciclos anteriores. La suma de la oferta de los tres mayores productores —Brasil, Estados Unidos y Argentina— ha crecido por encima de la demanda, lo que ha permitido la reconstitución de las existencias y ha reducido la probabilidad de fuertes subidas de precios, salvo en caso de fenómenos climáticos relevantes.
En el caso del maíz, el panorama es similar, con las relaciones entre existencias y consumo en niveles cómodos, aunque China podría aumentar las importaciones si decidiera reponer sus existencias a niveles históricamente más elevados.
En cuanto a la competitividad, la soja brasileña se mantiene como el origen más atractivo en el mercado internacional, lo que explica el enfoque de las compras chinas en Brasil. En cuanto al maíz, Argentina destaca como el origen más competitivo, mientras que EE. UU. mantiene unas exportaciones sólidas. Brasil se muestra menos activo a principios de año debido a que la cosecha de verano se destina al mercado interno.
El panorama climático global apunta a una transición de La Niña a condiciones neutras entre marzo y agosto, un periodo crítico para la siembra y el desarrollo de los cultivos en EE. UU. Los años de transición suelen presentar una mayor volatilidad en la producción, como ocurrió en 2012.
Los modelos climáticos también apuntan a una posible formación de El Niño en el segundo semestre, lo que podría afectar a la cosecha 2026/27 de Sudamérica. El patrón típico incluye:
lluvias por encima de la media en el sur de Brasil y en Argentina;
lluvias por debajo de la media en el centro-norte de Brasil.
Este comportamiento ya ha provocado pérdidas significativas recientemente, como en la cosecha brasileña de 2023/24.
La cosecha brasileña 2025/26 debería alcanzar un nuevo récord, estimado por Hedgepoint en 179,5 millones de toneladas. A pesar de las preocupaciones sobre la productividad en Rio Grande do Sul debido a períodos de baja humedad y altas temperaturas, el buen rendimiento en el resto de regiones debería compensar las pérdidas.
Con una producción elevada, Brasil podría establecer un nuevo récord de exportaciones, alcanzando los 112 millones de toneladas, por encima de los 108,2 millones exportados en 2024/25. La molienda interna también crece, impulsada por la expansión del biodiésel, aunque la adopción del B16 aún depende del panorama político.
En Argentina, la producción debería caer hasta unos 48,5 millones de toneladas, debido a la preferencia de los productores por el maíz. El país tiende a dar prioridad a la molienda interna, reduciendo las exportaciones de grano a unos 5 millones de toneladas.
En Estados Unidos, hay indicios preliminares de un aumento de la superficie sembrada hasta los 85 millones de acres, lo que podría elevar la producción a unos 121 millones de toneladas, potencialmente la segunda mayor de la historia.
La producción brasileña de maíz debería rondar los 140 millones de toneladas, dependiendo del rendimiento de la cosecha de invierno —actualmente con retraso en la siembra, lo que aumenta el riesgo de sembrar fuera de la ventana ideal—. La demanda interna crece de forma constante, impulsada principalmente por el etanol de maíz, que está transformando el balance interno y reduciendo la disponibilidad para la exportación.
Argentina, por su parte, debería ampliar su producción, respaldada por márgenes más atractivos que en la soja. Mientras tanto, EE. UU. debería reducir la superficie sembrada a unos 94 millones de acres, pero aún así podría producir más de 400 millones de toneladas, lo que supondría la segunda cosecha más grande de la historia de EE. UU.
China sigue siendo el principal motor de la demanda mundial de soja, con unas existencias finales de entre 43 y 44 millones de toneladas y una relación existencias/consumo de entre el 33 % y el 35 %, lo que se considera un nivel adecuado. Se prevé que las importaciones alcancen los 112 millones de toneladas en 2025/26.
En cuanto al maíz, la caída de las existencias chinas a niveles históricamente bajos abre la puerta a una política de reposición. Si esto ocurre, las importaciones podrían crecer, lo que beneficiaría a exportadores como Brasil, Estados Unidos y Argentina.