El cierre de 2025 consolidó un entorno de alta volatilidad en los mercados mundiales, impulsado por la intensificación del proteccionismo comercial, los tipos de interés aún restrictivos en las principales economías y las tensiones geopolíticas persistentes. Las políticas arancelarias adoptadas por Estados Unidos, sumadas al prolongado endurecimiento monetario, forzaron una reorganización de las cadenas de suministro globales y aumentaron la aversión al riesgo en los mercados financieros.
Para 2026, el escenario macroeconómico proyecta una economía global más resistente, aunque marcada por un crecimiento moderado, una desinflación gradual y ajustes monetarios realizados con cautela. Las oleadas estructurales de la oferta en el sector energético, los cambios en los flujos comerciales y el avance de la disputa tecnológica entre las grandes potencias seguirán determinando el comportamiento de los precios, el tipo de cambio y las decisiones de inversión.
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La macroeconomía en 2025 se vio fuertemente influenciada por el segundo mandato de Donald Trump en los Estados Unidos, cuya postura proteccionista aumentó significativamente la volatilidad global. La implementación de aranceles recíprocos agresivos por parte de los Estados Unidos alteró los flujos comerciales, presionó a las monedas emergentes y exigió respuestas rápidas de los gobiernos y las empresas de todo el mundo.
Según un informe de Hedgepoint Global Markets, el anuncio de estos aranceles en abril de 2025 generó incertidumbres inmediatas sobre el rendimiento de la economía estadounidense y mundial. A pesar de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y la guerra en Europa, los impactos directos sobre las materias primas agrícolas se vieron parcialmente mitigados por la reorganización de los flujos comerciales internacionales.
En el ámbito monetario, la Reserva Federal inició un ciclo de recortes de tipos de interés en 2025, con el fin de evitar una recesión técnica ante el debilitamiento de la actividad industrial. Esta medida dio pie a ajustes graduales en otras economías, aunque el diferencial de tipos de interés mantuvo el dólar fuerte frente a las monedas emergentes. El índice DXY registró picos de apreciación, lo que refleja la búsqueda de seguridad por parte de los agentes de la cadena de materias primas.
En Brasil, la autoridad monetaria mantuvo una postura rígida para contener la inflación, cerrando el período con la tasa Selic en niveles elevados. La combinación de un crédito restrictivo con un consumo sostenido por estímulos fiscales y la resiliencia del mercado laboral dio lugar a un entorno e o más fragmentado y sensible a las decisiones políticas repentinas, lo que se refleja directamente en el escenario de 2026.
Según los análisis de InvesTalk (BB), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la economía mundial debería crecer entre un 3,0 % y un 3,1 % en 2026, en un proceso de desaceleración suave y resiliente hacia su potencial productivo a largo plazo. La desinflación gradual permitirá una flexibilización monetaria moderada, aunque el comercio mundial seguirá sintiendo los efectos del proteccionismo estadounidense.
En Estados Unidos, las proyecciones del FMI, el Banco Mundial y bancos de inversión como Goldman Sachs indican que la actividad económica debería avanzar entre un 1,7 % y un 2,0 %, impulsada por políticas fiscales estimulantes y los efectos diferidos de los recortes de tipos de interés. En la zona del euro, el crecimiento tiende a acelerarse hasta aproximadamente el 1,4 %, sostenido por el aumento del gasto en defensa, las inversiones en infraestructura y la mejora gradual de las condiciones financieras.
Por otro lado, China seguirá enfrentando una desaceleración estructural. Las proyecciones indican un crecimiento de entre el 4,0 % y el 4,5 %, limitado por el reducido espacio fiscal y los persistentes desafíos en el sector inmobiliario. La disputa por la hegemonía tecnológica y en inteligencia artificial entre Washington y Pekín sigue siendo el principal eje de incertidumbre geopolítica, acompañado de estrictos controles a los semiconductores, restricciones a las inversiones estratégicas y la intensificación de la reubicación productiva hacia México, India y países del Sudeste Asiático, factores que siguen influyendo en la logística global y los precios de los insumos básicos.
Las tensiones en Oriente Medio y el conflicto en Europa siguen siendo factores de incertidumbre para la economía mundial. No obstante, los análisis de Goldman Sachs y de Hedgepoint Global Markets apuntan a una acomodación gradual de estos riesgos en 2026, lo que reducirá las primas geopolíticas en los precios de la energía, especialmente del petróleo.
El mercado del crudo debería operar con un exceso de oferta estimado en unos dos millones de barriles diarios, lo que mantendrá las cotizaciones bajo presión y contribuirá a la moderación de los costes energéticos globales. Paralelamente, el mercado del gas natural está experimentando una expansión estructural, con un crecimiento de la capacidad global de exportación de gas natural licuado de más del 50 % hasta 2030. Una parte importante de esta expansión estará liderada por Estados Unidos, Qatar y Australia, y sus efectos dependerán del ritmo de normalización de la demanda europea a lo largo del período.
Este escenario altera la estructura de los costes industriales, favorece el proceso desinflacionario y refuerza la importancia de las estrategias de cobertura para los agentes expuestos a la volatilidad energética.
Según las estimaciones de InvesTalk, del Banco do Brasil y de la Fundación Dom Cabral, la economía brasileña debería crecer entre un 1,7 % y un 2,2 % en 2026. La inflación medida por el IPCA tiende a converger hacia el nivel del 4,0 %, mientras que el Banco Central debería llevar a cabo un ciclo gradual de flexibilización monetaria, lo que situaría la tasa Selic en torno al 12,0 % a finales de año. Aun así, los riesgos fiscales y cambiarios pueden exigir una postura más conservadora por parte de la autoridad monetaria, lo que limitaría el margen para recortes más agresivos de los tipos de interés.
El mercado laboral debería mantenerse relativamente resistente, aunque la tasa de desempleo podría registrar un aumento marginal hasta aproximadamente el 6,4 %, como reflejo de los efectos diferidos del prolongado período de tipos de interés elevados. Las medidas de estímulo de los ingresos contribuyen a sostener el consumo y evitar una desaceleración más intensa de la actividad económica.
La dinámica fiscal sigue siendo el principal punto de atención. A pesar de los objetivos de resultado primario anunciados, la rigidez del presupuesto y el crecimiento de los gastos obligatorios ( ) dificultan el ajuste de las cuentas públicas. Como resultado, se prevé que la deuda pública bruta se sitúe en torno al 84,8 % del PIB, lo que mantiene la confianza de los agentes condicionada a la credibilidad del marco fiscal.
El tipo de cambio debería seguir bajo presión a lo largo de 2026, con el dólar proyectado en torno a los 5,50 reales, según el propio Boletín Focus del Banco Central, publicado semanalmente. La reducción del diferencial de tipos de interés entre Brasil y el extranjero, el déficit por cuenta corriente y el entorno de incertidumbre política contribuyen a este escenario.
El calendario electoral tiende a añadir volatilidad entre el segundo y el tercer trimestre, lo que repercute en la curva de tipos de interés futuros y en los precios de las materias primas. Además, aunque la devaluación cambiaria beneficia a algunos exportadores, los mercados agrícolas y energéticos mantienen sus propias dinámicas de oferta y demanda, por lo que pueden desvincularse parcialmente de la evolución del real.
En el mercado crediticio, el costo aún elevado limita la expansión de las carteras con recursos libres, mientras que el crédito dirigido mantiene un mayor dinamismo a través de programas gubernamentales. La caída gradual de la tasa Selic debería favorecer, de forma progresiva, la reanudación de los financiamientos.
Este año, la macroeconomía proyecta un escenario de crecimiento global moderado, inflación brasileña bajo control y alta oferta de energía, factores que requieren un seguimiento constante. La combinación de las elecciones en Brasil y las tensiones comerciales internacionales mantiene la volatilidad elevada, lo que refuerza la necesidad de información precisa para la seguridad de las operaciones.
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