El cierre del segundo trimestre de 2026 consolida un panorama de transformaciones y volatilidad para el mercado mundial de commodities. Entre los acontecimientos geopolíticos, las persistentes presiones inflacionistas y la confirmación de fenómenos climáticos extremos, los agentes de la cadena de producción se enfrentan al reto de estructurar sus estrategias de comercialización y cobertura para el próximo trimestre.
Para ayudar a las empresas a desenvolverse en este entorno de inestabilidad, Hedgepoint ha elaborado un panorama de los principales factores macroeconómicos, energéticos y agrícolas que han configurado el entorno empresarial y que indicarán la tendencia de los precios a lo largo del tercer trimestre.
Consulte los análisis más detallados en este artículo:
Macroeconomía y energía: inflación y volatilidad del suministro
El sector agrícola: el equilibrio entre la demanda y las grandes cosechas
Soja: biocombustibles y apoyo al precio del aceite
Maíz: la demanda estadounidense frente a la cosecha sudamericana
Trigo: caída de las cosechas de invierno en EE. UU.
Azúcar: cosecha récord en Brasil y riesgos en el hemisferio norte
Café: volatilidad entre el retraso en la cosecha y los factores fundamentales bajistas
Cacao: riesgos climáticos y existencias certificadas
El factor climático: El Niño alcanza su máxima intensidad en el radar
El actual conflicto entre EE. UU. e Irán ha provocado que la inflación mundial mantuviera una tendencia al alza en el segundo trimestre. Esta persistencia ha llevado a los principales bancos centrales, entre los que destaca la Reserva Federal (Fed), a adoptar una política monetaria restrictiva, lo que ha impulsado la apreciación del dólar a nivel mundial. De cara al tercer trimestre, la perspectiva de que los tipos de interés estadounidenses se mantengan o suban tiende a atraer capital hacia la moneda estadounidense, lo que ejerce presión sobre el tipo de cambio en las economías emergentes, mientras el mercado evalúa la evolución de los precios del crudo y la propensión al riesgo de los inversores.
En el sector energético, las repercusiones del conflicto han afectado a la oferta: la reducción de la disponibilidad de combustibles ha aumentado la volatilidad de las cotizaciones y ha provocado descensos en las reservas privadas y de la OCDE. La escasez de productos derivados y las paradas operativas en las refinerías han impulsado los crack spreads (márgenes de refino) de la gasolina y los destilados a niveles excepcionales, lo que ha mantenido al sector bajo un estricto seguimiento en lo que respecta a la seguridad del suministro de petróleo y gas natural licuado (GNL).
El avance de los objetivos de mezcla obligatoria de biodiésel en Estados Unidos ha garantizado un apoyo constante a las cotizaciones al estimular la molienda nacional. Además, el mantenimiento de los precios del petróleo durante gran parte del trimestre ha reforzado la demanda de aceite de soja, lo que ha elevado los precios de este subproducto. En los próximos meses, la atención del mercado se centrará en la evolución de las condiciones climáticas durante el desarrollo de la cosecha estadounidense, en el ritmo de las compras de China y en la consolidación de la superficie sembrada en EE. UU.
La fuerte demanda, impulsada por el consumo interno y las exportaciones de Estados Unidos, fue el principal factor que sustentó las cotizaciones en la Bolsa de Chicago (CBOT). Por el contrario, la llegada de abundantes cosechas de Sudamérica, con volúmenes significativos en Brasil y Argentina, mantuvo amplia la oferta mundial, lo que frenó las subidas en el mercado internacional.
Los malos resultados y la pérdida de calidad en las cosechas de trigo de invierno de Estados Unidos han impulsado las cotizaciones. El mercado ha encontrado un apoyo adicional en la perspectiva de una contracción de la producción mundial y en la reducción de las existencias finales previstas para el ciclo 2026/27 en los principales países exportadores.
El rápido ritmo de la cosecha de la temporada 2026/27 en el centro-sur de Brasil ha empujado los precios del azúcar en bruto a los niveles más bajos registrados desde 2020. Sin embargo, los riesgos climáticos que amenazan la productividad en las plantaciones de caña de azúcar del hemisferio norte (como India, Tailandia, Europa y Centroamérica) comienzan a establecer un suelo de soporte a medio plazo, impulsando la prima del azúcar blanco en el mercado internacional.
La previsión de una cosecha récord en Brasil actúa como un factor bajista a largo plazo. Sin embargo, a corto plazo, los precios siguen sosteniéndose por el retraso operativo en la cosecha brasileña, provocado por las lluvias invernales, los bajos niveles de existencias en los países de destino y las incertidumbres asociadas a los efectos de El Niño sobre otras zonas productoras.
Las cotizaciones del cacao registraron fuertes fluctuaciones a lo largo del trimestre. Las alertas sobre los efectos de El Niño en la calidad y el volumen de la cosecha 2026/27 en África Occidental (especialmente en Costa de Marfil y Ghana) y en Ecuador sirven de apoyo al mercado. Por otro lado, la recuperación gradual de las existencias certificadas por las bolsas y el flujo de entregas en los puertos de Costa de Marfil limitan nuevas subidas bruscas de los precios.
El clima se perfila como el principal factor de riesgo para la fijación de precios de las commodities agrícolas en la segunda mitad de 2026. Las previsiones oficiales de la NOAA y el IRI indican probabilidades del 97 % y el 98 %, respectivamente, de que el fenómeno de El Niño se consolide entre mayo y julio, con una permanencia prevista para el resto del año y principios de 2027.
Además de la confirmación del fenómeno, la atención se centra en su magnitud: los modelos apuntan a una probabilidad superior al 66 % de que El Niño alcance la categoría de intensidad «muy fuerte» entre septiembre y noviembre de 2026. Este patrón podría alterar la distribución de los monzones y provocar una sequía grave en zonas clave como Australia, el sudeste asiático, el norte de Sudamérica y Centroamérica. Al mismo tiempo, tiende a aumentar los volúmenes de lluvia y el riesgo de inundaciones en el sur de Sudamérica y en algunas regiones de África, además de provocar una intensa serie de tormentas en el sur de EE. UU. durante el invierno.
La volatilidad prevista para el tercer trimestre de 2026 exige que la gestión financiera y las decisiones de comercialización en el sector agroindustrial se basen en análisis técnicos y en información actualizada derivada de los datos. La interacción entre la política monetaria mundial, las fluctuaciones en el sector energético y los fenómenos climáticos extremos hace que la gestión del riesgo sea indispensable para garantizar la rentabilidad de la operación.
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